La leyenda de Claudio Carudel, el hombre que marcó un antes y un después en el mundo de la hípica, sigue más viva que nunca en el Hipódromo de La Zarzuela.
Con más de 6.160 carreras disputadas, 1.455 victorias a sus espaldas, 12 Grandes Premios de Madrid y una medalla al mérito deportivo, Claudio Carudel se ha ganado un hueco especial en el corazón de los aficionados a las carreras de caballos y se ha convertido en el mito de una época dorada para el turf en nuestro país.
Sin duda, este jinete de origen francés sabía de lo que hablaba cuando decía que “la meta está siempre en el mismo sitio y eso los caballos no lo saben, pero los jockeys sí”. Su manera de leer la carrera y de entenderse con el caballo supuso un antes y un después en el mundo de la hípica, especialmente en España, donde desempeñó la mayor parte de su trayectoria profesional.
Mucho ha llovido desde que Carudel abandonó Chantilly, en 1958, para emprender su aventura en Madrid con tan sólo19 años. Desde entonces, esta leyenda de la hípica fue demostrando, carrera a carrera, sus múltiples cualidades como jinete. El Hipódromo de La Zarzuela tuvo el privilegio de verle volar por su famosa milla y de ser testigo de sus numerosos triunfos.
Durante los 32 años que se mantuvo en lo más alto como jinete profesional, todos querían tenerle entre sus filas. Por ello, Carudel tuvo la oportunidad de montar para las mejores cuadras en el hipódromo madrileño, como: Beamonte y Villapadierna, en sus inicios como jockey; y Rosales, en la década de los setenta y ochenta.
Gracias a sus dotes como jinete, este francés también llevó a la fama a varios caballos de carreras, como Chacal o Teresa, y es que con él cualquier equino parecía volar con clase hacia la línea de meta. Unas carreras que muchos nostálgicos y aficionados al turf añoran y cuya fama ha llevado a instaurar en nuestros días el Gran Premio Claudio Carudel.
Tras décadas en el candelero y con muchos premios a sus espaldas, la idea de dejar el relevo comenzó a rondar por la cabeza de esta leyenda de la hípica. “Los años no pasan en balde, y debo de pensar en dejar paso libre a otros jockeys”, comentó a la prensa en 1981. Ocho años más tarde, con 50 primaveras, Carudel decidió abandonar la competición para convertirse en entrenador. No obstante, su espíritu imbatible siempre estará presente en La Zarzuela.