El 30 de septiembre de 1763 se autorizó, por Real Decreto firmado por el Marqués de Esquilache, el establecimiento de una Lotería en Madrid. Desde el principio, esta Lotería despertó una gran expectación y generó un creciente interés entre los españoles deseosos de enriquecerse por este sencillo método.
La variada literatura que surgió desde su aparición, representa una interesante fuente de información en este sentido. Dentro de esta literatura ocupa un puesto fundamental, tanto por su volumen como por su originalidad, la referente a las cábalas y supercherías.
Las cábalas, conjeturas o suposiciones supersticiosas proliferaron como supuestos métodos científicos, infalibles para encontrar la combinación ganadora, siempre y cuando el jugador tuviera la habilidad necesaria para descifrarlas.
A lo largo del siglo XIX aparecieron numerosas y muy variadas cábalas, desde métodos vulgares basados en las cartas de la baraja y diccionarios de interpretación de sueños, hasta complejísimas combinaciones y tablas numéricas, todas ellas aseguraban su infalibilidad y garantizaban el acierto a la hora de escoger los números.
Sus autores, con propósitos generalmente lucrativos, las vendían en las propias administraciones de Lotería con el beneplácito de los administradores, que así se aseguraban una mayor facturación, ya que el público solía acudir a los lugares donde pensaba que se vendían las mejores y más fiables cábalas.
Tras los sorteos, los autores demostraban cómo sus métodos habían funcionado para elegir los números agraciados y el público, entre inculto y confiado, en lugar de enfadarse por la estafa se lamentaba de no haber sido capaz de descifrar el número que con tanta claridad se le había anunciado, tal y como se recoge en una obra escrita en 1851 por Joaquín Serrano y Callete.
Sin embargo, a pesar de su buena acogida popular, las cábalas fueron objeto de numerosas críticas. Así, en la sesión del Congreso del 10 de octubre de 1820, en la que durante la discusión de los presupuestos se trató el asunto de la Lotería, Díez del Moral argumentó en su contra basándose, entre otras razones, en la superstición y fanatismo que generaban las cábalas. También Isabel Blanco, administradora principal de lotería en 1857, consideró que el gobierno debería evitar la superchería y emplear otros métodos para aumentar su recaudación.
Sin embargo, el público era aficionado a ellas, como lo demuestra la polémica recogida en el número 35 de El Enano, publicado el 28 de octubre de 1851, generada por las protestas populares ante la dificultad de interpretar las cábalas que publicaban. En su defensa, el periódico argumentó que por ahí circulaban otras aún más complicadas. Algunas de estas cábalas, las más famosas, fueron publicadas a lo largo del siglo XIX. Destacamos algunas de ellas.
AQUI SEGUIMOS ESPERANDO AUNQUE LAS ESPERANZAS SE VAN PERDIENDO YA QUE LAS ESTADISTICAS DICEN QUE SON 13.000.000 MILLONES DE BOLETOS FRENTE A UNO QUE LE TOQUE, Y A MI NO ME TOCA NI LA HARTANGA DE NAVIDADES.
La Cábala es consustancial a la cultura cientificista hasta un determinado siglo. Cabalista era Quevedo: "Entre el clabel y la rosa su majestad esCOJA"
....Y SI FUERA YO....UFFF NUNCA SE SABE. Si quiero animar una conversacion y que mi padre hable con mucha ilusion solo tengo que sacarle el tema de la loteria,me gustaria tener la misma ilusion, quizas tan solo hace falta que me toque como le toco a él.