
Los asistentes al sorteo también fueron protagonistas.
El Palacio de Congresos de Madrid se llenó hasta la bandera con los asistentes al Sorteo Extraordinario de Navidad. La nueva sede multiplicó por cuatro el aforo y tuvo una gran respuesta del público, que llenó el auditorio. A las siete de la mañana la cola de asistentes ocupaba toda la parte delantera del palacio y comenzaba a dar la vuelta por uno de los laterales. Faltaba algo más de una hora para que se abriera al público en general y seguía llegando gente.
Entre los asistentes se respiraba un aire de ilusión, que estaba adornado con personajes disfrazados o grupos con sus números impresos en una lista. Una de las primeras en entrar fue una joven de Soria, Judith, que nos contaba que “este es el tercer año que vengo, a ver si a la tercera va la vencida, y sino salud y poder llegar a otro año para venir y tener siempre la ilusión”. Nos comentaba que la nueva sede era “una pasada”.
No opinaban lo mismo dos hermanas de la localidad madrileña de Alcorcón, Vanessa y Azucena, que nos contaban que imaginaban el salón “más grande”. “Queríamos comprobar que nuestra bola estaba ahí, ya que tenemos un bar y llevamos abonados al mismo número ocho años”, decían antes de bajar a comprobar que, efectivamente, su bola estaba entre las que iban a entrar al sorteo. De una población cercana llegaron las integrantes de una peña de Móstoles. Llevaban fotocopias del décimo empapelando sus gorros. “Llevamos 7 años viniendo y va a ser este año el que nos toque porque venimos con nuestra mascota”, nos explicaban.

Tres amigos de Madrid comentaban que el sorteo les parecía “emocionante”. Y de Granada venía una pareja que había comprado sus décimos a última hora en la capital y que llevaban unos gorros que pensaban que les darían suerte. “Llevamos esperando desde las siete menos cuarto de la mañana. Venimos por el ambiente, por conocerlo un poco…teníamos ilusión de venir alguna vez”, nos revelaban.
Entre el público también se encontraba la madre de, Alejandro Velasco, uno los niños del Colegio de San Ildefonso, “el año pasado sacó la bolita del Gordo, ojalá cante el primer premio este año”, nos decía ilusionada. Muy cerca, una pareja de Valladolid, sentados ya en las butacas, esperaba que la camiseta de su equipo de fútbol les trajera suerte. “Lo que más nos llama la atención es la cantidad de prensa que hay”, declaraban.
Entre las anécdotas de la jornada destaca la de tres estudiantes, que nos revelaban que él, que es de Madrid, llevaba los décimos de Torrevieja; y viceversa, ellas son de Torrevieja y llevaban sus décimos de la suerte de Madrid, todo por atraer la suerte. Cuatro amigos de Sa Coma en Mallorca llevaban sus décimos fotocopiados pegados colgados del cuello, uno de ellos “había tenido una corazonada hace un par de meses” y había vendido ese décimo en su bar.
Todos ellos acudían con ilusión a disfrutar de una jornada de suerte. Historias anónimas que llenaban el salón del Palacio de Congresos en una mañana mágica.